Tuesday, October 23, 2007

Sin ganas de pensar un titular

[Récord: 25 páginas en seis días; mi cuarto, folios por el suelo, un corcho relleno de papeles raídos, roídos y reídos; aeropuertos, aviones, de nuevo en mi cuarto, docenas de revistas para las que escribo por el suelo, más de un mes sin escribir nada productivo, decenas de ruedas de prensa, el mullido sillín de la moto que me traslada, y vuelta al cubículo en el que letras, números y signos generan un fluido vital que trueco por dígitos en mi cuenta, que a su vez se convierten por billetes al salir del cajero, que se transforman en monedas al hablar con el camarero y desaparecen sin dar cuartelillo como tocadas por la mano de un hechicero. Y al darme la vuelta arrecia otro mes igual que el anterior, como en un rebaño de círculos concéntricos hacia ninguna parte. Necesito escribir. Algún día tengo que hablar seriamente con el alfarero que da forma a todo esto; necesito cambios estructurales].

Tocamos una versión en directo de los Kings of Lion, una de los Bluetones otra de TSOOL y temas propios. El ensayo ha sido una mierda. Hemos probado con un teclista amigo mío y creo que se ha sentido decepcionado. No canto como hace diez años. He empeorado mucho. Las cosas son siempre lo que parecen. Cuando algo parece una mierda, acaba por convertirse en dos mierdas. Me quiero independizar, irme lejos de todo esto. Del cáncer de mi tía, de los prejuicios familiares, de Madrid, lejos de todo. Hace tiempo hipotequé mi vida en una casa en Villalba. Son como unos 27 metros cuadrados a 40 kilómetros de Madrid. Decidí venderla para comprarme algo más cerca de mi barrio, La Coma. Entonces me hice con los servicios de una inmobiliaria que, a su vez, se hizo con los servicios de un tipo que quería alquilar mi casa y disponer de un derecho de compra sobre la misma. Lleva cuatro meses sin pagar. Un buen día escribí su nombre en Google. Robo con intimidación, robo con violencia y estafa. Me puse en contacto con mi amigo Tetis, que es policía de profesión -y paradójicamente también de vocación-, y le expliqué la situación. Tetis busca información sobre el pájaro.

-¿Marcos?
-¿Si?
-Ya he buscado su nombre
-¿Y?
-Es mejor que ese tío esté muerto, no te puedo decir más.

Yo pago su letra, su luz y su agua, el vive en mi casa, no hay nada más que eso, así que después del ensayo, mi banda y yo decidimos que lo mejor es ir a un karaoke de mi barrio que se llama Uceda a hincharnos a cerveza. Cojo el micrófono y canto una canción de Heroes del Silencio. Arrecian los aplausos, creo que lo he hecho bien, aunque no soy el de antes. Hay un grupo de cuatro personas que va a salir a cantar después. Galipop, el guitarra del grupo, trata de decirme algo sobre el mullido colchón sonoro de risas, gritos, aplausos y cervezas que golpean contra las mesas acristaladas. -Tío, mira qué cara de gilipuertas tienen los que van a cantar ahora. Mira cómo mueve la cabeza el del pelo largo. Resulta que son disminuidos visuales. Es decir, no ven dos en un burro, son ciegos integrales. Entonces una chica rubia, ciega integral, coge el micrófono y paraliza el tiempo. Galipop se siente fatal tras reflexionar su anterior comentario. La rubia canta y Galipop, emocionado, llora sin pudor alguno. Creo que la tipa se ha tragado un órgano electrónico. No es posible que alguien afine tan bien. Pero vaya si lo es. A mí también me emociona y lloro por dentro, para regar todo eso que dice mi madre que guardo con celo y nunca quiero expulsar. Para regar un basurero en el que, como digo yo, a veces crecen las flores. La rubia se baja del escenario y hablo con ella. Le digo que los ciegos ven más que el resto. Ella sonríe la frase fácil y le dice algo a una amiga que no es totalmente ciega. Ella sólo dice “tiene una camiseta roja”. Entonces me convierto en el chico de la camiseta roja. Canto un par de canciones con la rubia, pero hay un tipo encelado que, entre canción y canción, habla con ella y le propone cantar a dúo. Así lo hacen, pero cuando acaba la canción, al tratar de caminar sobre los escalones que regresan a la gente a la platea, hay un tropezón y acaban rodando por el suelo, el celoso y la rubia, como si de una escena cinematográfica y preliminar al coito se tratase. Me acerco para interesarme por el estado de la rubia. Sólo de la rubia, me cae bien. El celoso me la sopla. Al acercarme, escucho: “tía, viene el de la camiseta roja”. Ella, la rubia, charla conmigo un buen rato. Es una tía cojonuda que hace chistes muy ingeniosos sobre ciegos integrales. Se suman a la conversación sus amigos, con nuevos chistes sobre ciegos. Al día siguiente, me desternillo de risa recordándolo todo, apoyado en la nevera, mientras bebo un vaso de agua detrás de otro tratando de apagar el incendio que se ha declarado en mi estómago. Cosas de las resacas.

Posted by Marcos at 23:35:06 | Permalink | Comments (1) »