Me la chupa
-Hijo, me muero, tengo la tensión alta y me duele el cuello.
El hospital es casi un desierto de pacientes. Apenas un par de oasis aislados. Es martes. Los fines de semana está lleno. Hijos de puta. Sólo se ponen malos los fines de semana. Le comento esto a mi madre esto, indignado. Son las tres y media de la mañana.
-Hijo, es que la gente no quiere perder horas de trabajo.
Y yo, como tú, pienso que no estarán tan malos. Hijos de puta.
Le miden la tensión a mamá. Hay un tipo al que se le oye eructar desde la sala del doctor y eso que la puerta está cerrada.
A mamá le dicen que tiene la tensión un poco alta y que la notan nerviosa. Diagnostican un posible cuadro de ansiedad. Mamá se mosquea.
-Yo no me lo invento –dice-. No me lo invento –repite.
Entonces le pasan con otra doctora. Paso con ella a otra sala. Hostiás. Es la sala. La puta sala. Es la camilla, la puta misma camilla. Tres dedos en mi ojete rebuscando mierda. Literal. Tres dedos en MI OJETE. Sucedió dos semanas atrás. Cagaba negro. Como alquitrán. Esta última frase fue escrita en el informe médico, o de forma parecida: “Enfermo de 31 años de edad y aspecto saludable con deposiciones de coloración alquitranada”. Cincuenta o más personas esperando y se las saltan a todas para que yo entre. Después de explorar mis intimidades anales, me meten un tubo por la boca. Dos úlceras sangrantes y dos cicatrizadas. Dos días ingresado. Prohibida la ingesta de anti-inflamatorios.
-Esas dos úlceras cicatrizadas, ¿las pasó sin ayuda médica?
-No sabía que las tuviera –aseguro.
-¿Y no le dolió el estómago hace tiempo?
-Sí.
-¿Cómo describiría el dolor?
-Como si un rebaño de alpinistas con las botas repletas de clavos hubiera estado bailando una jota en mi estómago.
El doctor sonríe. Yo también.
-¿Y por qué no fue al médico? –pregunta.
-No sé, supongo que soy así.
Es mi frase preferida para eludir responsabilidades. Llego a casa a las ocho y media de la mañana. A las nueve me despierta un cliente para que cubra una rueda de prensa y le escriba una noticia del acto. Después, a las doce, tengo una entrevista con el director de una empresa que factura no sé cuántos miles de euros. Llego a casa como a eso de la una y media. Hoy el mundo me la chupa.
Me voy a dormir.
Me veo en la obligación de publicar el mensaje de protesta enviado al autor, para que quede constancia de mi desacuerdo con ciertos puntos de lo explicado:
La verdad es que yo, como personaje secundario, no salgo muy bien parado (entre decadente y depresivo no encuentro ningún adjetivo que me acabe de convencer para aplicármelo o aplicárselo a mis conversaciones). Pero bueno, es lo que tenemos los personajes secundarios, siempre quedamos un poco desdibujados en el remolino de la historia principal…
I appreciate your point of view.