Sunday, April 13, 2008

Una tirada de dados afortunada

Ya era hora de que se dieran cita las dos primeras palabras y la música adecuada. Las palabras son “Aquél niño”. La música, Ludovico Einaudi y su disco Eden Roc. Haré, después de escribir lo que esté por venir, lo mismo de siempre; escucharlo con la música. Ver si cuadra. Cambiar comas por puntos y viceversa. Ver si mereció la pena. Analizarlo todo. Sonreír o llorar, según me cuadre el corazón y quieran las cosas que hay a mi alrededor. Comprobar si he logrado solucionar algo.

Aquel niño se pensaba nacido para cosas grandes. Se creía invencible, siempre, aquel niño. Aquel niño tenía la mirada de un águila real, el gesto vivo, las piernas delgadas como alambres. Huesito, solía llamarle su madre. Aquel niño sabíase vivo con total certeza si se precipitaba de la terraza al vacío. Aquel niño corría mucho. Siempre corría; a por el pan, a hacer los recados, corría al salir del colegio de camino a casa. Corría y corría, y lo dejaba todo siempre atrás. Siempre el primero corriendo, siempre el primero dejándolo todo atrás. Y tanto corrió que perdió el camino de vuelta, y el tiempo pasó y las cosas que dejó atrás, cuando tanto corría, fueron necesario recuperarlas después, pero había corrido tanto, y tan aprisa, que no fue capaz de encontrarlas. Lo que más necesitaba era su sombra, pero tan raudo había sido que ésta, en el intento de continuar asida a su dueño, se había difuminado, deformado, perdido la forma original. Y aquel niño se quedó sin referencias, y sólo le quedó la intuición para tratar de encontrar el camino de vuelta, la esencia, la paz consigo mismo.

Y hay días que ese niño encuentra porciones, pedacitos de cielo, ráfagas de brisa mezcladas con olor a tierra mojada que lo hacen muy feliz, pero otros días la brisa azota, y trae consigo arena que lacera y se clava en la piel, y entonces aquel niño corre como antaño, huyendo hasta ponerse a salvo.

Carolina compartió amor con mi hermano, un amor que él siempre ha guardado con especial celo. Un comentario suyo -de ella- en este pequeño reducto en el que me protejo del viento cuando sopla demasiado fuerte, me hizo recordar aquellos años en los que volaba con las piernas y reír era un acto reflejo. Ella está en Canadá, ahora, haciendo cualquier cosa, seguro, por ser feliz, yo hago lo propio aquí, desgastando una parte de mis yemas, y tú, que lees esto, seguro que te debates en el mismo propósito. Y aquellas familias que el otro día vi en un vídeo de Miguel Gil, cámara de guerra muerto en Sierra Leona, que vivieron la guerra de Yugoslavia más allá de la primera persona, espero después de tanto tiempo hayan encontrado aquello que todos buscamos, el objetivo, si no cual otro, por el que nos aferramos a la vida con tantas fuerzas: la felicidad.

Un vídeo que me descuadró de madrugada: http://www.youtube.com/watch?v=SlEoqL2KA-o

Y esos niños del vídeo, tengo claro, pudiéramos haber sido cualquiera de nosotros. Hubiese sido tan simple como que el destino hubiese tirado los dados otra vez.

Posted by Marcos at 21:59:03 | Permalink | Comments (13)