De vuelta al desván
La tía murió casi sin decir esta boca es mía. Los alrededores de la cama conquistados por familiares: sobrinos, primos, hijos, marido y madre. Fueron para esta última sus últimas palabras. Estaba sedada pero giró la cabeza y expiró no sin antes expirar la palabra “mamá”.
La tía Marga, tenía miedo días antes.
-Chus… -decía a una de sus hermanas.
-Creo que voy a pedir la sedación total, ¿tú qué harías?
Mamá, mi madre, su hermana, respondió con un silencio tan elocuente como certero. Mamá no era capaz de ponerse en su situación. La sedación total es morirse a base de pastillas. Pierdes la conciencia, la capacidad de sentir, ya sea dolor o cosquillas. La tía renunció porque –creo- pensó que en su última semana de vida era posible volver a reír.
La tía era todo. Era la mejor de ocho hermanas. No es demagogia, simplemente era la mejor por un solo motivo: era incapaz de deletrear la palabra egoísmo. Creo que a partir de esa palabra se forjan las buenas personas. ¿Ambición? Demasiado pretenciosa. ¿Superación? Podría ser, pero tiene algo de ambicioso dentro. ¿Competitividad? Se compite con otros a los que se puede dañar. ¿Inteligencia? Implica cierto aire maligno. ¿Altruismo? Encaja; me vale.
Mi hermano suele decir que cuando alguien se marcha, es porque otro llega a ocupar su lugar . La hija pequeña de mi tía Marga estaba embarazada cuando murió. Ella nunca llegará a tocar la piel cetrina de su nieta. Ni si quiera llegó a saber con total certeza lo del embarazo de su hija. Los médicos decían que Marga lo imaginaba, pero nunca reconoció a nadie saberlo realmente.
Ahora, desde la atalaya que brinda el paro, pienso en estas y otras cosas, y me doy un empujón para vovler a escribir en este escaparate de sentimientos en el que cada vez cambio menos los maniquíes que contemplan mis escasos lectores. Fue un año maravilloso en un diario económico de tirada nacional, pero todo tiene su fin.
Mañana vuelvo a viajar en calidad de free lance, a ganarme la vida con la pluma, textos al peso, renglones a medida. Pero me queda este desván en el que esconderme para escribir lo que me plazca sin cobrar un duro. En definitiva, disfrutar de la libertad que brinda carecer de un sueldo por hacer las cosas.
Vuelta a una retórica que nunca nos abandona. Vuelta a una profesión disfrazada de ocio que no recomensa económicamente el peso que las palabras tienen sobre nuestra cabeza, nuestros hombros, nuestros dedos. Vuelta a imaginar situaciones, crear personajes, relatar sentimientos. Vuelta en definitiva a volver a leerte. Un placer, Marquitos. Un fuerte saludo. Josu (josuecoello.blogspot.com)
Como siempre te digo… Un placer volver a leerte. Gracias por seguir escribiendo!
Un besote,
Rita
It is amazing…I will follow your instruction.